22, April 2026
Evadir es una forma de resolver provisoria.
Es "patear la pelota para que la ataje mi yo del futuro", como me dijo una vez una paciente en consulta. Y cuánta razón tenía.
Evado porque hoy siento que no puedo enfrentar lo que demanda mi atención.
Evado porque la situación me pone en un lugar de vulnerabilidad que me incomoda, porque me duele, o simplemente porque negar lo que está pasando parece, en el momento, el camino más corto hacia la paz.
Pero esa paz es un espejismo.
Hoy quiero invitarte a reflexionar sobre el costo oculto de esta evitación del contacto sobre tu "Yo" del mañana.
Cuando evadís, ya estás poniendo a quién vas a ser en un problema; lo sabés vos y lo sabe tu yo del futuro.
Esta conducta comprime una cantidad importante de ansiedad y ruido mental, una carga que se queda ahí, latente, lista para detonar en el momento en que ese futuro finalmente llegue a tu puerta.
La evasión, como herramienta, a veces funciona para sobrevivir a un impacto inmediato. Lo que no funciona nunca es usarla como tu única estrategia de afrontamiento ante los conflictos.
Es como pretender usar un tenedor para todas tus comidas el resto de tu vida: va a haber ocasiones en las que vas a precisar un cuchillo, o una cuchara. Hacer "como si nada" ante una situación que requiere otras herramientas, solo te va a dejar con hambre... y con un vacío difícil de llenar.
En mi experiencia acompañando a personas con grandes responsabilidades, veo cómo el hábito de postergar lo emocional termina afectando la presencia y la toma de decisiones.
El cuerpo no miente: lo que la mente calla, el organismo lo manifiesta en forma de tensión, insomnio o angustia sin nombre.
Dejar de fingir no es castigarte; es recuperar tu integridad.
Es dejar de gastar energía en sostener una máscara que ya te queda chica.
El mayor lujo de esta vida es poder vivir sin tener que esconderte de vos mismo.
Siempre estás a tiempo de empezar a cuidarte.
Hablemos.
#PsiRomina
Psicológa - Autor
|
|
Iniciar conversación desde Whatsapp |
|